impavidos los ojos y sin voltear la vista atras, atraviesa resuelta las callejas del castellano pueblo de almagro, una anemica damisela de elegantes vestiduras.
la diligencia de sus pasos y la austeridad de su semblante, dejaban al descubierto, las sospechas de una huida..
el reloj de la parroquia araña el medio dia.
despacho en mano, franquea turbada los soportales de una fonda, en cuyo umbral halla a una inquieta doncella con un paquete entre las manos. su ama de llaves
presurosas proceden al trueque de misivas, intercambian una complice mirada y cada cual prosigue su riel como perfectas desconocidas.
la joven dama es mercedes de castedo, de silfide figura y demacradas facciones; acogida de una familia cultivada en remilgos y honorable ocupacion, procuradores de una vida para ella, sin ahogos ni estrecheces.
ambas habian convenido este encuentro, por requerimiento de la doncella de finas maneras, con el firme proposito de notificar a sus congeneres, el motivo de su fuga sin enmienda
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